Desaparecido

DESAPARECIDO: Cadáveres escondidos. Familias que no saben donde charlar un rato con su memoria ni donde dejar flores a primeros de noviembre.
Años de duda corrosiva: Y si no lo mataron… Que sí, que ya sé que es imposible, pero y si…
“…Que vamos a dejar de remover huesos, que hay que cerrar heridas, que ya hay que dejar el pasado atrás…”
Pero no se pueden cerrar heridas cuando no se permite a quienes las llevan sanarlas. No se puede pasar página con cadáveres escondidos en cunetas sin nombre.
Que no es cuestión de abrir heridas, que es cuestión de respetar el dolor ajeno, de dejar que la gente entierre a sus muertos y pueda hacer su duelo.
Que no es lo mismo hablar de no remover huesos, cuando los huesos no tienen nombre, que entender que una hi
ja quiere, necesita y debe poder dar sepultura a su padre.
Que para cerrar heridas hay que sacarlas al aire, lavarlas y taparlas con cariño; que no hay herida que pueda sanar escondida bajo inmundicia.
Que solo se puede mirar de frente al futuro cuando se ha mirado el pasado y se ha aprendido de él. Y no, no es cuestión de buscar culpabilidades, sino de empatizar con el dolor ajeno, venga de donde venga.

Sebastián Jiménez Mateos era mi tío abuelo y primera pareja de mi abuela. En los listados de la memoria histórica aún aparece como desaparecido, pero yo he tenido en mi mano el papel oficial que recogía su fusilamiento, en enero de 1937; aunque, al parecer, ese documento, que se guardaba en los Juzgados de Mairena, jamás llegó a ser recogido por nadie.
El pasado jueves, mi hija, María, hacía un ejercicio para su clase de Bachillerato de Artes Escénicas, y decidió hacer una preformance sobre una de las historias que más le ha impactado.
Os dejo su representación y varios enlaces donde podéis conocer toda la historia.

Historia de un amor adolescente

El barco (diez años de la muerte de mi abuela)

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