Diderot «De l’interpretatión de la nature»

DE L’INTERPRETATIÓN DE LA NATURE es una obra de Denis Diderot sobre la interpretación de la naturaleza, que contrapone la visión empírica con la racional.

«Hemos distinguido dos tipos de filosofías, la experimental y la racional. La una tiene los ojos vendados, camina siempre a tientas, coge todo lo que le cae en las manos, y encuentra finalmente cosas preciosas. La otra recoge estas materias preciosas, y trata de formarse una antorcha; pero esta pretendida antorcha, hasta el presente, le ha servido menos que los tanteos a su rival, como debía suceder. La experiencia multiplica sus movimientos hasta el infinito; está en acción sin cesar; emplea en buscar fenómenos todo el tiempo que la razón emplea en buscar analogías. La filosofía experimental no sabe ni lo que obtendrá, ni lo que no obtendrá de su trabajo; pero trabaja sin descanso. Por el contrario, la filosofía racional sopesa las posibilidades, se pronuncia, y simplemente se detiene. Dice atrevidamente: La luz no se puede descomponer: la filosofía experimental lo escucha, y se calla durante siglos enteros; después, de repente, muestra el prisma, y dice: la luz se descompone.»

  1. Diderot, De l’interpretation de la nature (1753).

 

Tema u objeto principal de la obra

En el texto en cuestión, Denis Diderot hace una comparación entre la filosofía natural (experimental) y la filosofía racional (racionalismo ilustrado), abogando por la primera y despreciando por arrogante a la segunda.

 

Contexto histórico:

Denis Diderot fue un personaje clave en el Siglo de las Luces, escritor y filósofo, destacó como enciclopedista. El proyecto inicial consistía en realizar una traducción al francés de la Enciclopedia o Diccionario Universal de Artes y Ciencias de Ephraim Chambers,  que había aparecido en 1728, en dos volúmenes, y cuyos suplementos verían la luz hasta 1753. Esa enciclopedia era el fruto de muchos años de trabajo. Chambers había sido capaz de llevar a cabo solo esa empresa considerable. Los dos volúmenes fueron comercializados a través de una asociación integrada por los diecinueve mejores libreros de Londres «El diccionario universal y razonado de conocimientos sería comparable, acaso, con una estatua colosal. Podría ser un monumento al progreso científico, la muestra de una nueva familiaridad con artes y ciencias, que permite un ágil deslizamiento entre ambas, y un reflejo del espíritu relacionador de las distintas ramas del saber[1]».

Vivió y pensó en la Francia del siglo XVIII y fue un buscador incansable de la verdad, lo que hizo desde un método experimental; rechazará, junto a Nollet y el Conde de Buffon tanto la matematización newtoniana, por encorsetante, «nada hay en el desarrollo de las matemáticas que no esté contenido previamente en sus premisas[2]», como el racionalismo mecanizante cartesiano, por presuntuoso, puesto que para él, el mecanicismo no era más que el resultado de un prejuicio basado en la imperfección de nuestros instrumentos para estudiar el mundo. No obstante Diderot estaría más cerca de Descartes que de Newton, a pesar de que, en el caso de Newton, y la óptica tuviera una base más empírica y experimental.

Se enfrentó igualmente a Le Mettrie, con quien compartía perspectiva materialista y ateísmo, pero al que dedicó su «Ensayo sobre los reinados de Claudio y Nerón, y sobre las costumbres y escritos de Séneca», a partir de un problema metodológico que provocaba tensiones y ponía en riesgo el objetivo que Diderot se había propuesto en cuanto a defender la imagen de Séneca de sus detractores.

Su pensamiento se contextualiza en una época en la que las investigaciones de Copérnico, Kepler y Galileo habían alejado la visión de la cosmología del paradigma aristotélico-ptolemaico y presentado un cosmos en constante cambio, cuyas leyes podían ser conocidas a través de la observación atenta de los fenómenos.

Este autor concibe la naturaleza como una unidad, en la que todos sus elementos están en constante interacción, sin que se pueda hablar de una diferencia cualitativa entre los reinos mineral, vegetal y animal.

Cultivó de forma notable tanto las ciencias como las letras. Se interesó especialmente por la química y la biología y supo hacer un análisis bastante certero de la dirección que tomaban las ciencias, aún en pleno desarrollo. También tradujo y comentó a otros autores.

No obstante, la controversia entre empirismo y racionalismo no comienza ni termina con Diderot. Ya desde Platón y Aristóteles se desarrollaron las distintas escuelas de pensamiento que ponían el acento en una u otra cuestión: el idealismo, el positivismo, el pragmatismo o la fenomenología. A lo largo de la historia siempre hubo quienes optaron por razón/experiencia, inducción/deducción, para explicar nuestro modelo de conocimiento: Platón, Aristóteles, Hegel, Comte, James, Husserl, Locke, Leibniz, Hume, Spinoza…, como sus principales referentes. Si bien ambas corrientes han tenido mayor o menor preeminencia a lo largo de la historia.

Hoy en día la controversia sigue existiendo, pero ya desde disciplinas diferentes. El empirismo, representando mayoritariamente por la escuela positivista inglesa, se ha ido circunscribiendo en disciplinas científicas que ya no comparten pupitre ni estantería con la especulación filosófica, se define a partir del siglo XX con nombres como Bertrand Russell, el gran filósofo del Siglo XX o Kart Popper y Thomas Kuhn. La mirada cartesiana sobre el sujeto sigue iluminando su carácter esencialmente pensante, aunque en por el camino ha debido dejar el mecanicismo, parte de la estructura que más rechazo causaba en Diderot; no obstante las matemáticas acabaron por consolidarse como parte intrínseca importante para la comprensión de la realidad.

En cuanto a la parte más racionalista, habríamos de mencionar desde Inmanuel Kant a Hussel, Ortega o filósofos como Nietzsche, que ve en el lenguaje la raíz de la alienación fundamental del ser y que sería secundado por un Wittgenstein que pasaría por las dos facetas, del «Tractatus lógico-filosófico» a las «Investigaciones filosóficas»; o de Heidegger, quien considera el lenguaje como la casa del ser.

 

Contenido:

El párrafo forma parte del texto publicado en 1753, bajo el título “De la interpretación de la naturaleza”, que encuadra su pensamiento, junto a Cartas sobre ciegos para uso de los que ven (1749) y Sueño de D’Alembert (1769). Sus pensamientos sobre la interpretación de la naturaleza forman un ensayo que se publicó de forma anónima en 1753, de donde se saca el texto a analizar; que, sin embargo es reelaborado y vuelto a publicar en la primavera de 1754, y que se presenta en forma de colección de 58 pensamientos, donde se retoman reflexiones sobre el razonamiento, el enfoque científico (en parte inspirado en el Novum Organum de Francis Bacon), reflexiones filosóficas, e ideas científicas sobre consideraciones científicas del momento, como sería el caso de la electricidad.

 

Análisis:

 

Como se ha dicho, el texto en cuestión forma parte de esa primera recopilación anónima publicada en 1753, con el nombre «Sobre la interpretación de la naturaleza»; para comprender el sentido de su análisis crítico y su pensamiento habría que retrotraerse a sus primeros escritos, donde escribiría «Lo que nunca ha sido puesto en duda no puede ser de ninguna manera demostrado. Lo que no ha sido examinado sin prevención no ha sido jamás bien examinado. El escepticismo es, por lo tanto, el primer paso hacia la verdad[3]»

En estos escritos defendería un tipo de escepticismo, pero no uno cualquiera; Diderot se enfrentaría al escepticismo que duda porque no conoce razones para creer, al que tacharía de escepticismo ignorante. En cambio  defendería, como se deduce del texto entrecomillado, al escéptico que sopesa las razones y discute de forma racional sus propias creencias; lo que considera una actitud valiente y valiosa para el conjunto de la sociedad.

Él, está claro que pretendió encuadrarse en esa línea, si tenemos en cuenta que en 1749 acabaría en la cárcel por «Carta sobre los ciegos para uso de los que ven».

En este sentido, en el de valentía, aboga por un tipo de filosofía que se atreve a caminar con los ojos vendados, por veredas intransitadas, pero con la actitud abierta de no cerrar las puertas a nuevos conocimientos que puedan ser sometidos a experimentación, a fin de ser verificados; pues, a su parecer, solo así se pueden hallar cosas preciosas.

En el texto contrapone esta actitud a otra que describe como arribista y pretenciosa, ya que «…recoge estas materias preciosas y trata de formarse una antorcha que, hasta el presente, le ha servido menos que los tanteos a su rival…»

Las premisas de la primera, la experimental, se centrarían, en este escrito, en la observación y en la experimentación para llegar a conclusiones que, sin ser espectaculares, se prestan a abrir puertas a nuevos conocimientos, mientras que la segunda parece basarse en la creación de axiomas a partir de una lógica matemática, que según el autor  «llegan a callejones sin salida, fundamentadas en verdades lógicas que acaban por ser desmentidas en la realidad». Formula, esta última, que no arriesga en sus inicios pero que aventura en sus conclusiones.

«Para mediados del XVIII, Diderot realizó la tarea baconiana de recoger conjuntamente la tradición científica y técnica en la Enciclopedia, cuyo subtítulo es “Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios”, dando así cumplimiento a dos siglos de lucha por el reconocimiento de la importancia de la experiencia y la intervención instrumental de la técnica[4]».

Para Diderot la filosofía racional se contenta con aseverar algo como cierto, sin haber investigado al respecto, mientras que la filosofía experimental demuestra que tal aseveración estaba equivocada sin necesidad de abrir la boca para rebatir sus argumentos.

Diderot, a pesar de un escepticismo muy baconiano, parece acabar dudando de cualquier sistema en apariencia perfecto o de un método ideal; así que podríamos definir su pensamiento como antisistémico.

Su alergia a la religión, la negación de la existencia de «causas finales» y la crítica a la idea de individuo lo llevó a desconfiar del aristotelismo todavía imperante en el pensamiento de la Iglesia y su fijación por hallar causas; lo que le llevó a exclamar, al escuchar al sacerdote hablar sobre el hermoso orden de la naturaleza, «¡Señor! ¡no siga con todo ese espectáculo que nunca estuvo hecho para mí![5]».

Su principal lucha fue, pues, contra el obscurantismo y el dogmatismo de una metafísica especulativa[6] y una incipiente fiebre matematizante, que, a su parecer, el nuevo método experimental debería arrinconar; tanto a la metafísica como a la matemática.

En tal sentido, podemos percibir, dentro de su obra, una pugna con su compañero enciclopedista, D’Alembert, por seguir un método más matemático y abstraccionista; aunque la propuesta de Diderot, que se centraría en afirmar o desechar hipótesis a través de la experimentación, no se alejará tanto de un D’Alembert más matematizado pero que, a diferencia de Descartes y siguiendo a Newton, sí se apoyaba en la experimentación.

 

Conclusión y valoración

RACIONALISMO EMPIRISMO
La fuente de nuestros conocimientos claros y distintos (evidentes) reside en la razón La fuente de nuestros conocimientos fuertes y vivaces es la experiencia
Conocemos la realidad a través de las ideas Conocemos la realidad a través de las percepciones
Afirmación de la existencia de ideas innatas: yo, infinito, perfección, causalidad. Negación de la existencia de ideas innatas: nuestra mente es una «tabula rasa»
Desconfianza de la información de los sentidos Confianza absoluta en la información de los sentidos
Las matemáticas como modelo de conocimiento cierto y evidente. Valor de la  intuición y  las deducción La Física como modelo del funcionamiento de la mente humana. Valor de la inducción
Papel fundamental de la «intuición intelectual» en el proceso del conocimiento Intuición entendida como conocimiento sensorial.
Es posible un conocimiento cierto y evidente de la realidad (Metafísica: Yo-pensamiento, Dios-infinito y mundo-extensión) Es imposible un conocimiento «seguro» o dogmático de la realidad: critica de la metafísica como conocimiento. Defensa del escepticismo y la fenomenología.

 

El racionalismo y el empirismo eran, en principio, teorías diametralmente opuestas. Una tuvo mayor desarrollo continental, la otra tenía «denominación de origen» británica. Uno decía que el conocimiento humano es fruto de la razón, desdeñando la experiencia mientras que el otro aseguraba que este es fruto de la experiencia sensible, disminuyendo el peso de la razón.

Sin embargo, ambos movimientos buscaban explicar lo mismo: la facultad del ser humano y el método adecuado para lograr conocer la realidad.

En esta obra Diderot también auguraba un corto futuro para las matemáticas, que «se hallaban constreñidas por sus propios conceptos, alejándolas de la realidad»; lo que, como ya se dejó dicho anteriormente, deja de manifiesto que tampoco él se hallaba libre de error.

Por mi parte y a modo de conclusión, he escogido el párrafo anterior, como también podría haber escogido algún otro de obras como ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, de Alan F. Chalmenrs, dónde se analizan los problemas para hallar una verdad que no termine cediendo a la llegada de nuevas verdades, ya sea a través un inductivismo que cede ante la imposibilidad de verificación, como ante un falsacionismo que puede dejar caer una teoría por motivos equivocados o corroborar otra que funciona por mera confluencia de efectos, en lo que son causas dispares.

En parte Diderot era un ilustrado que, como Rousseau, ya percibía los problemas que ppdían sobrevenir por los excesos de la razón; pero también en parte, y este texto va en esa línea, era un crítico a los desbordamientos del racionalismo.

El positivismo que aflorará en esas fechas, ya visible en el pensamiento de Condorcet[7], se constituirá en una de las corrientes de pensamiento dominadoras y que elevarán el pensamiento científico a los altares del conocimiento, sacrificando por el camino a la filosofía que ya sólo sería una metafísica a expensas de los avances de la ciencia.

No en vano con el positivismo se inicia una sociología encaminada a conocer al ser humano con el interés nada oculto de su dominación «…John Locke, George Berkeley y David Hume, sostenían que todo el conocimiento debía derivarse de ideas implantadas en la mente por medio de la percepción sensorial. Los positivistas tenían una visión algo más amplia y menos orientada hacia lo psicológico de lo que significan los hechos, pero compartían la opinión de los empiristas de que el conocimiento debía derivarse de los hechos de la experiencia[8]». Estamos a las puertas de la razón instrumental definida por M. Horkheimer y T. Adorno.

 

«Justamente el positivismo ayudó al proceso de cuantificación, por ejemplo en el estudio de los fluidos sutiles o de la electricidad, donde Coulomb empleó los métodos matemáticos de Newton. La Física matemática del siglo XIX parte de estos estudios[9]

En mi opinión, a Diderot no le faltan razones para criticar un racionalismo prepotente, pero corre el riesgo de no alcanzar a ver el peligro de soberbia de un verificacionismo autosuficiente. A mi entender, ambas vertientes forman parte de un todo que podríamos encuadran en la definición de «las posibilidades de la razón humana», ya sea para deducir consecuencias, plantear hipótesis o traducir resultados, y no se debiera, a mi entender desechar ninguna de sus vertientes.

PEC Historia General de la Ciencia II

Mercedes Rodríguez Jiménez

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Historia de la Ciencia.—Solís y Selles. Espasa.

El artículo «América» en la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert.—Ignacio Díaz de la Serna.

Revista de Filosofía y Teoría Política: Naturaleza e historia en la obra de Denis Diderot.—Adrián Ratto, 2010, no. 41, p. 129-153.

Lettre sur les aveugles.—Denis Diderot.

Escepticismo, materialismo y clandestinidad. Los primeros escritos de Diderot.—Esteban Ponce.

¿Qué es esa cosa llamada ciencia?—Alan F. Chalmers.

 

[1] Sobre la interpretación de la naturaleza.—Denis Diderot, pag. XV.

[2] Historia General de la Ciencia.—Carlos Solís y Manuel Selles, pag. 669

[3] Escepticismo, materialismo y clandestinidad. Los primeros escritos de Diderot. Esteban Ponce, pag. 51

[4] Historia General de la Ciencia.—Solís, C.-Selles, M., pág. 299.

[5] Lettre sur les aveugles.— Diderot, Denis, pág. 307.

[6] Compleston, VI, pág. 7 y 36 y Jalón, pág. 690

[7] Compleston, VI, pág. 139 y que el mismo D’Alembert ya apuntaba, pág. 39.

[8] ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? AlanF. Chalmers, pag. 15

[9] Historia General de la Ciencia.—Solís, C.-Selles, M., pág. 670-71.

 

Si te gusta compártelo:Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook