Dioses crétinos

«Dioses cretinos.
bendita y maldita especie,
estúpidos dueños del universo,
artífices insensatos de vuestras miserias,
necios interpretes de cantinelas vacías,
¿y yo qué?, ¡primero los míos!
Pero los míos se van reduciendo:
porque si del mundo se trata,
los míos son naciones;
si de pueblo, familia;
si de familia, hijos;
y si de verdad…
Si de verdad, solo vos,
o acaso ni a vosotros mismos os tengáis aprecio.
Hipócritas que vestís vuestra miseria con los ropajes del infortunio ajeno,
¿acaso creéis ser alguien sin aquel que pago con sus penurias el precio de vuestro confort?
Mundo atestado de miedosos,
pusilánimes que defienden la mano que blande el látigo,
por temor a aquellos que equilibran su balanza con la sangre del débil.
Más siempre fue así:
Ojos ciegos que se niegan a ver
que el miedo del cobarde siempre fue el arma del poderoso.
Porque una colmena con miedo es una colmena débil;
porque mientras las abejas se empujen unas a otras
seguirán sin comprender que son más fuertes que la mano que les extorsiona.
Pero siempre fue así:
Niño, no mires.
Niña, no te señales.
En este cuerpo cósmico, sois células de un estómago agradecido
que, a fuerza de protegerse, se atrinchera en sus propios jugos,
sin entender que sin el corazón o el hígado no hay cuerpo al que alimentar
ni alma que lo sostenga.
A fuerza de protegeros os ahogáis en vuestros detritus
y os convertís en el cáncer de un cuerpo enfermo y marchito.
Cretinos dioses que repudiáis al maltratado,
a la víctima de la romana que equilibra vuestras miserias,
sin entender que la balanza sirve al amo que esclaviza vuestras almas;
ni que ofreciendo la mano a vuestro hermano sois vosotros quienes desequilibrais la suya.
Dioses cretinos,
sordos y ciegos de nacimiento,
que no entendéis que no es posible escapar de la indigencia actuando como miserables.
Qué no entendéis que sois tan poderosos que el cielo os regaló ser lo que creyeseis,
y lo usasteis para convertiros en el monstruo de vuestras propias pesadillas.
Dioses cretinos,
sordos y ciegos de nacimiento,
que no entendéis que no importa cuanto corráis,
porque os creisteis víctimas y jamás podreis escapar de vuestros mil y un verdugos.
Dioses cretinos,
sordos y ciegos por voluntad;
que se os entregó el mundo
y os consumís en los despojos de vuestra cobardía.»

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