¿Qué no daría?

¿Que no daría yo por aliviar tu sufrimiento?
¿Qué no daría?
¿Acaso pueda usar mis pinceles
para dibujar una sonrisa
en tu rostro de diosa triste y desmembrada?
¿Cómo borrar el sabor amargo
de tus lágrimas derramadas?
¿Que no daría yo por ser el alquimista
que convirtiera en dulce perlas doradas
las amargas virutas de metal,
en tus entrañas clavadas?
Pero no temas corazón,
cruzaremos ese desierto.
Venceremos las tinieblas.
Navegaremos a través cualquier oceano
y subiremos las más alta montaña.
Porque nada hay bajo el cielo que tú puedas llamar imposible o yo lejano.
Porque juntas podemos, de ser preciso,
inventar un universo, incluso varios.
Porque aunque ahora el mundo pueda parecerte un triste trozo de plomo,
conozco bien el oro que esconde tu alma.
¿Que no daría yo por borrar de tu rostro la tristeza y de dicha llenar tus horas?
Acaso la vida, mi pequeña,
acaso la vida diera.

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