Que tú no sabes el miedo que paso

Que tú no sabes el miedo que paso… Que me has hecho daño, que tú lo sabes; que me duele todo, y todo no se acerca ni de lejos a lo que me duele el alma.

Porque sé que cuando te pones así es que no eres tú, que si no…

Porque tú… tú antes de hacerme a mí daño te pegabas un tiro y te quitabas de en medio; que me lo has dicho muchas veces.

Y no te vayas a creer, que tampoco quiero que te martirices. Que luego te veo que pareces un perrillo apaleado y ¿que quieres que te diga? Que no puedo con eso.

Y que al final tampoco fue para tanto.

Que ya sé que has tenido una mala experiencia y te pones nervioso.

Y que yo no tenía que darle tantas vueltas; que fue más el susto, y que a lo mejor es verdad lo que me dice mi madre: ¡hija, que mira que eres dramática!. Si tú sabes que es que a ti se te señala todo.

Pero que si tú supieras…, si supieras el miedo que paso…

Porque cuando te veo con esa rabia en los ojos, es que…

Que te juro que salía corriendo hasta perder de vista el día que te conocí.

Porque yo es que creo que serías capaz de cualquier cosa; que te lo veo en esa negrura que se te pone en la mirada… Si hasta parece que no estás ahí.

Y que ya sé, que a lo mejor sin darme cuenta…

Que me quejaba de que Juan no me hacía caso y ahora me agobia que me preguntes tanto.

Y que me tienes como a una reina, y que…, pues eso, que te da coraje. Que a lo mejor no fui muy efusiva. Pero tú no me hagas caso; que yo es que soy muy mía con la ropa.

Que ya sé que me lo compraste con mucha ilusión, y hubieses querido que… Si es que es verdad; porque ¿cuándo me ha comprado a mí nadie un vestido?

Y que es bonito, lo que pasa es que yo estoy acostumbrada a otras cosas y que no me veo.

Pero que será cuestión de acostumbrarme. Que me lo has dicho muchas veces; que lo que pasa es que no quieres que vaya dando que hablar a la gente.

Pero es que me hizo tanta ilusión cuando vi la falda de cuero en aquel escaparate; que llevaba el dinero que me regaló mi madre y hasta me pareció una señal.

Pero que nada, que si tú me ves guapa con el vestido… que yo con eso ya tengo bastante.

Y que lo de la falda… Que eso ya está olvidado. Que no fue más que un capricho; que se me metió por los ojos; que no pude evitarlo.

Que yo sé que te encelas porque me quieres; que si no, de qué ibas a estar tú tan pendiente.

Y que no es que no quieras que salga con mis amigas, es que a ti las horas sin mí se te hacen eternas.

Pero que luego, cuando no vuelves a casa ni me coges el teléfono… que no puedo evitar darle vueltas: que ¿no es que no podía estar lejos de mí?, ¿qué no es que te faltaban horas al día?; y que…

¿Que qué quieres que te diga?, que no puedo evitarlo y me come la pena.

Y que ya sé que es ese amigo tuyo; el del chalet en Chipiona, que es un enreda. Y que luego te arrepientes y lo pones a caer de un burro; si yo te he escuchado.

Y me regalas rosas, y… Y ¿qué voy a hacer yo? si tú ya sabes que no puedo guardarte rencor.

Porque yo sé que se te fue la cabeza, que fue solo eso…

Pero si tú supieras…, si supieras el miedo que paso… ni fuerzas tenías para levantarme la mano.

Pero yo sé que a ti solo te hace falta tiempo.

Que en cuanto te des cuenta de que no soy como esa mala pécora que tenías por mujer….

Porque a ti es que se te fue la mano, que fue solo eso.

Porque tú… tú antes te matabas qué hacerme a mi daño.

Pero yo…, yo es que te veo así, y es que mira… que te lo prometo, que me derramo.

Que te escucho llegar y me muero de miedo.

Que te lo juro, que tú es que no sabes el miedo que paso.

Lara

 

Mujeres fuertes, sabias, tiernas y valientes

 

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