«El Rescate de Tamait» comienzo de la historia

Hola a todos de nuevo, hoy subo esta escalera para dejaros el Introito de “El Rescate de Tamait”, con él nos zambullimos en la historia.

Con esta entrada habré colgado el último adelanto antes de la presentación.

Espero que Ayeneha y Khilayan consiga arrastraros hasta mi mundo.

 

 

Cuando algo resuena en nuestro interior, es que un estímulo externo vino a dar un aldabonazo y remover alguna memoria dormida dentro de nosotros.

 

El rescate de Tamait o una historia inacabada

 

INTROITO

La oscuridad era absoluta, anormal. No era esa falta de luz a través de la cual puedes intuir objetos y espacios delimitados, esta era una oscuridad vacía, desprovista de todo.

Sintió que caía y luego que no sabía en qué dirección lo hacía, como si ya no hubiera referencias sobre las que tomar conciencia de la propia posición; pero sintió también, y sobre todo, una sensación de vacío dolorosa, casi física.

Despertó bañada en sudor, se volvió buscando el consuelo del cuerpo de su amado, pero no encontró más que un hueco vacío. Se inquietó, aunque luego supo que no andaría lejos.

El desconcierto de los primeros instantes dio paso a una angustia mucho más profunda, ella conocía el significado de aquel sueño. Hacía mucho que había dejado de buscar justificaciones tranquilizadoras para sus visiones. Sabía que no podía ignorarlas, que por mucho que las rehuyera no desaparecerían.

Salió de la cama, se colocó una ligera bata de tafetán blanco y se dirigió hacia la terraza.

La temperatura era agradable, una ligera brisa refrescaba la cálida noche y el contacto de sus pies descalzos sobre la superficie pulida le produjo un reconfortante frescor que, durante unos instantes, casi consiguió espantar la desagradable sensación de irrealidad con la que había despertado.

Al cruzar el umbral de la terraza lo vio, estaba sentado sobre el alfeizar de la ventana. La noche era clara. Las esferas del gran Rigol y la diminuta Sadel brillaban juntas en lo más alto del cielo, mientras una pequeña porción semicircular, como el borde de una moneda de oro vieja, daba mudo testimonio del final del peregrinaje del misterioso Kulta.

Sabía que encontrarlo allí sentado significaba que él ya había tomado una decisión. Nunca le había gustado tomar decisiones importantes desde el cómodo sofá blanco, era como si para algunas cosas aún necesitara convertirse un poco en niño, parapetándose en lugares poco convencionales. Tal vez era su forma de quitarle importancia a los asuntos más trascendentes.

Se acercó y le puso una mano en el hombro y él se la sujetó un instante. Había tristeza en su mirada, pero solo fue una sombra, cuando se volvió a mirarla era de nuevo el ser luminoso al que adoraba. Se levantó, la cogió en brazos y se sentó en el sofá con ella en su regazo.

Aspiró su aroma, y aún permaneció un momento en silencio. Sintió pánico al formular la pregunta. Temía que cuando diera forma a sus sensaciones, los oscuros fantasmas de lo inevitable se materializaran en su presencia.

¿Te vas?

Él la miró entre sorprendido y aliviado. Tal vez debiera estar habituado, sabía que para ella no había secretos, que no existía nada que pudiera ocultarle. Era como si entre ellos no hubiera límites, como si cada uno fuera una prolongación del otro, como permanecer siempre desnudo en su presencia. Eso convertía su relación en algo arriesgado e intenso.

 Tengo que hacerlo.

Ella suspiró, sabía que no había marcha atrás, y también que él no podía hacer otra cosa.

¿Sabes lo que significa? No podrás transgredir tus propios límites.

Lo sé, por eso los puse, y por eso debo ir. Tengo que darles una oportunidad, si no lo hago no podrán escapar jamás. No puedo permitirlo.

Pero las reglas que creaste para mantenerlos alejados de la Unión serán también las tuyas, te perderás y no podrás encontrar la salida.

¡Vamos mujer, confía en mí! No será fácil, lo sé, pero encontraré la forma de salir.

No intentes tranquilizarme. Sabes tan bien como yo cómo funciona, si ellos llegan a sospechar que estás dentro harán de tu destrucción su objetivo y tú no recordarás nada, estarás indefenso. Hay muchas formas de atrapar un alma en un mundo denso como ese.

No intentó replicar, sabía que llevaba razón.

¿Cómo has pensado hacerlo? Has elegido perder la memoria al entrar, supongo.

Sí, debe ser así. No puedo llegar con otra naturaleza, ¿de qué les serviría?, no verían en mí más que a un dios más, alguien que no puede decirles cómo resolver sus problemas porque no los comparte. Ya tienen demasiados dioses.

Además, sabes que de esta forma, aunque tendré que aprenderlo todo, recuperaré la memoria al salir. De otro modo no podría regresar.—

Aún así sabes que existe una probabilidad importante de que no encuentres el camino de vuelta.

Eso no sucederá.

Ayeneha tragó saliva, quizás en un intento de tragarse también la angustia y la amargura que ya comenzaban a anidar en su corazón. Luego se volvió hacia él con una nueva determinación en su mirada.

Me voy contigo.

No es que la idea no la asustara, pero sentía que cualquier cosa era más asumible en esos momentos que imaginarse su vida sin él.

No, no puedes venir, te necesito aquí.

Pero aquí hay mucha gente que puede encargarse de todo, quiero ir contigo.

Lo siento, pero no puedo permitírtelo.

Ya no pudo seguir manteniendo sus emociones a raya por más tiempo y dejó que dos lágrimas rodaran de forma silenciosa por sus mejillas.

Él le acarició el rostro con infinita dulzura y luego la acunó despacio. Ella enterró su rostro en el hueco de su cuello sintiendo cómo su larga melena ambarina le hacía cosquillas en la nariz.

Ya verás, todo pasará. Nosotros estamos conectados, siempre lo estaremos y tú me ayudarás desde aquí. Serás mi nexo de unión, mi cordón umbilical.

Pero tú perderás esa conexión, no me reconocerás. Aquella gente es muy supersticiosa, te educarán en sus creencias y con suerte, si puedes verme, saldrás corriendo pensando que te persigue un fantasma.

No estés tan segura de eso, entre nosotros hay algo que supera imposibles, ya lo sabes. Además, piensa que toda una vida allí no serán más de diez años para ti.

Sabía que era inútil intentar convencerlo, Khilayan ya había tomado una decisión y no habría nada que pudiera hacerlo cambiar de parecer. Tomó su rostro entre las manos e intentó atrapar toda su esencia en un beso largo y lento. Un beso agridulce cargado con la angustia de saber que se trataba también de una despedida. Luego comenzó a llorar de forma silenciosa sintiendo cómo algo se quebraba en lo más profundo de su ser.

En ese instante supo que ese dolor la acompañaría siempre.

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