Te echo de menos

Ya ha pasado un mes.

Cuendo salgo a la compra

suelo pasar por la puerta del restaurante que tanto te gusta.

Aún conserva la mesa preparada,

con una margarita de tela dentro de un diminuto jarrón y una vela sin prender.

La vela que jamás encendimos.

Porque nunca acudimos a aquella cita, donde jamás te pedí que te vinieras a vivir junto a mí.

Cada mañana te echo de menos

y cada tarde me pregunto por qué no te invité a cenar días antes.

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