Tú sí, pero luego

He vivido muchas veces ese tú sí, pero luego.

Hoy aún llevamos muchos a priori de mochila; nuestro camino ha estado plagado de “claro que puedes estudiar, pero cuando termines tus tareas” y nuestras horas estaban atestadas de obligaciones en la casa de las que se eximía, por principio, a los chicos de la familia. De “por supuesto que tienes derecho a trabajar, pero comprende que fulanito tiene una familia que alimentar”; como si nuestra vida fuera un juego y el hambre de los nuestros un capricho.

Nosotras hemos sido organizadoras, cuidadoras, enfermeras, psicólogas y, si la vida nos daba, también estudiantes o profesionales.

Todos los ámbitos de nuestro camino; la política, los negocios, la literatura o el arte, ha estado plagado de los mismos “peros”. Nuestro trabajo ha sido tratado, en el mejor de los casos, con condescendencia y se nos ha permitido medrar cuando no pasábamos por delante de algun hombre, o cuando pasábamos por delante de uno que consideraban prescindible.

He leído recientemente en algún artículo que el patriarcado nos cuida y nos defiende de los babosos; y no, no puedo estar de acuerdo. El patriarcado nos ha sometido y ha disculpado agresiones e injusticia durante toda la historia, ha fomentado la existencia de los babosos y luego nos ha compensado con su “protección”. De nuevo el rol de todos los cuentos y películas de mi juventud, donde la chica apenas era un objeto decorativo, sustituible y prescindible, en la lucha de poder entre dos concepciones masculinas de la realidad. Justo ahora estaba viendo un trozo del Batman de 1989, con Robert Wihl, Jack Nicholson y Kim Bsinger.

El patriarcado ha conseguido durante siglos que las mujeres actuemos para con nuestras semejantes como la mejor Stasi alemana. ¿Recordáis?  Para quienes les falle la memoria o tal vez el conocimiento de lo que significa esta palabra, dejadme que haga un pequeño ejercicio de refresco: En la Alemania Nazi quisieron vigilar a todos sus ciudadanos, pero esta era una tarea económica y estratégicamente inabarcable, así que consiguieron que cada ciudadano fuera el espía de sus vecinos. Creo que la derecha más radical se quedó con la receta.

De nuevo veo en la sociedad la misma táctica de divide y vencerás. La misma estrategia de usarnos unas contra otras, para que nosotras mismas nos ataquemos, echando mano de argumentos facticios, donde se define el feminismo con una nueva supremacía, mientras se trata de víctima al que irrumpe en tu libre deambular con lo que ellos llaman piropos; y que ellos mismos deciden hasta donde son admisibles. Y si la chica se siente incómoda o violenta, ha de ser ella quien justifique por qué no desea que nadie le aborde y califique de ningún modo por la calle. ¿De verdad?
Pues me vais a permitir que os aclare que una cosa es que en un ámbito familiar, donde me siento cómoda, un amigo, compañero o conocido me llame guapa cariñosamente, y otra muy distinta que nadie me aborde por la calle con calificativo alguno.
Se me ocurre que si tanta importancia tiene para vosotros y tan halagüeño os parece, podríais piropearos unos a otros y todos tan contentos.
No, no le debo nada al patriarcado; y claro que camino junto a hombres, pero los hombres que me acompañan son feministas, sin complejos para denominarse de tales.
Porque el feminismo, dejémoslo claro, es una lucha por la igualdad; y los hombres que admiro lo son, porque han entendido que no tienen que ser mujer para defender lo que es justo; como yo no tengo que ser negra para luchar contra el racismo, ni extranjera para hacerlo contra la xenofobia, ni homosexual para pelear contra la homofóbia.
Los hombres de mi vida son hombres valientes, que no necesitan del bastón de los privilegios del poder para conseguir su sitio en este mundo y que comprenden que juntos somos más.
En mi vida he luchado y conseguido llevar mi vida hasta donde yo he querido, sí, y hoy tengo un compañero de vida valiente y unos hijos (chico y chica) que ni se plantean otro modo de pensar ni de vivir que sin las muletas de privilegios bastardos, ya sea del machismo en el caso de mi hijo y mi marido, o de la xenofobia o racismo en el de todos.
Yo tuve agallas para salir adelante, pero hoy lucho para que a mi hija no le digan nunca “TÚ SÍ, PERO LUEGO”

 

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http://www.36escalones.com/que-tu-no-sabes-el-miedo-que-pa…/

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