Anaximandro y su sentencia a través del tiempo

Hoy inauguro un nuevo apartado en mi blog, donde pretendo compartir con vosotros mis trabajos y descubrimientos en esta nueva y, para mí, apasionante singladura por los vericuetos de la filosofía.

Si no os apetece meteros en estas «jonduras», siempre podréis seguir navegando por mis reflexiones en el blog o en apartado de crecimiento interior; o echar un vistazo a mis fotografías, cuadros o libros; pero si queréis seguirme en esta aventura, os animo a dejar vuestros comentarios en el apartado reservado a tal fin, en cada entrada.

Esta sentencia, de apenas dos frases, que inicia el testimonio escrito del pensamiento en Occidente, y de la que nos consta la veracidad de tan solo la segunda parte, guarda en sí misma el valor de acercarnos a la profundidad de un pensamiento que aún no ha podido ser superado.

ANAXIMANDRO DE MILETO y su sentencia a través del tiempo

Esta sentencia ha sido traducida de muy diversas formas y con muchos matices distintos:

Martínez Marzoa, en su “Historia de la Filosofía”, pag. 30, traduce:

De donde las cosas tienen origen, hacia allí tiene lugar también su perecer, «según la necesidad, pues dan justicia y dan pago, unas a otras, de la injusticia” según el orden del tiempo.

Teresa Oñate, en “El nacimiento de la filosofía en Grecia. Viaje a los inicios de Occidente”, pag, 169 (texto extraído de Simplicio, Phys., 24,13, DK 12 A 9, DK 12 B 1) en cambio, traduce:

De donde les llega el nacimiento a los seres, hacia lo mismo les llega también la destrucción, “según necesidad, pues se dan unos a otros justicia y pago por su injusticia”, según el orden del tiempo.

Por último, Martin Heidegger, en su tratado sobre la sentencia “Caminos de bosque”, tras una traducción de Nietzsche y otra meramente textual de su autoría, hacer un recorrido por el pensamiento griego y expone sus motivos para no hacer una traducción desde la filología, explicando de forma pormenorizada el valor que confiere a cada concepto, para después, centrando su atención exclusivamente aquella frase que con más seguridad se atribuye a Anaximandro, traducirla, de forma poco convencional, del siguiente modo:

“A lo largo del uso, dejan que tengan lugar acuerdo y atención mutua (en reparación) del desacuerdo”

Pero además de atender a las distintas traducciones, necesariamente, debemos encuadrar la sentencia dentro del contexto histórico y personal del filósofo.

En este sentido, Anaximandro pertenecía a la escuela jonia y, junto a Anaxímenes, era compañero y discípulo de Tales, por quien debió estar influenciado, sin ninguna duda. No está de más, por tanto, tenerlo en cuenta como parte del contexto.

Tales, a quien se le atribuyen frases como “Todo está lleno de lo divino” o “Lo divino es lo más hermoso, pues no ha sido fruto de generación”; inicia la filosofía como consecuencia de la observación de cierta ley común en el acontecer de la Physis o naturaleza. Dicha observación será, con toda seguridad la que le empuje a reflexionar sobre los fenómenos, como consecuencia de esa ley y no de la voluntad caprichosa de los dioses, como mantenían los correlatos míticos presentes en su época.

Tales estima como arjé el agua, en lo que podríamos entender como un acercamiento conceptual a lo que está presente en todo y puede adoptar cualquier forma o delimitación, siendo condición para toda vida.

Anaximandro perfecciona el criterio de su maestro, al no asimilar el arjé a la sustancia sino a sus características, postulando por un nuevo principio al que llama ápeiron; que, significando “peras” límite, en griego, se puede traducir como lo que no tiene límite o lo ilimitado. Esta falta de límite, no obstante, no hace referencia a la falta de límites externos (lo infinito) sino a lo no determinado, a lo que es condición de posibilidad sin determinación; concepto que viene a asemejar significativamente este término con el concepto de energía que podamos tener en la actualidad.

Hecha esta introducción, Heidegger ve en el término  “jeón” (necesidad), de la sentencia, una confluencia con la “energeia” de Aristóteles, el “eidos” de Platón, el “logos” de Heráclito o la “moira” de Parménides, conceptos todos que hacen referencia a lo igual en lo diferente, lo que enlaza la diferencia o la ley detrás del acontecer.

Visto de este modo, “to apeiron”, lo ilimitado como arjé, de donde ha de surgir lo determinado, no como voluntad arbitraria, sino en base a una ley que implique regularidad en el acontecer, (ya que solo de este modo la naturaleza puede llegar a ser inteligible) es lo mismo que observó su maestro cuando predijo el eclipse y la gran cosecha con la que se enriquecería.

Es probable, pues, que fuera este orden de reflexiones, u otro similar, el que le indujera a escribir una sentencia, en la que se puede traducir que todo acontecer o delimitación presente ha de dejar espacio y tiempo a lo no determinado, a lo no presente pero posible; pues es preciso (por necesidad) para que se cumpla la ley de regularidad que hace inteligible la naturaleza.

En este sentido, «la adikia» (la injusticia), la comete la determinación al insistir en su presencia; y es esa insistencia la que viene a agraviar a los posibles presentes ausentes.

La profesora Oñate, en este punto, pone el ejemplo de una película “La balada del Narayama”, que entre una serie de cuentos japoneses; narra la historia de una mujer, en cuya aldea tenían como costumbre que, cuando alguien se hacía muy mayor, se marchaba a la cumbre de una bonita montaña para morir en paz junto a lo divino. Pero para poder cumplir con este rito, el síntoma inequívoco era que hubiera perdido los dientes, y esta mujer conservaba una dentadura envidiable. La película cuenta como, cuando ella ve, que en la aldea ya no pueden dar de comer bien a los bebés, a los nuevos que llegaban, considerando que su vida ya era una carga para su aldea, se rompe los dientes contra una roca para que su hijo pueda acompañarla a la montaña a morir en paz.

Es esta, pues, una sentencia que declara la condición de posibilidad de los pasados futuros posibles; la necesidad de dejar hueco a aquello que, habiendo acontecido, no ha trascendido (las otras posibles historias no contadas); o a aquello que, siendo posible, ha de acontecer en otro tiempo o en otro lugar (tal vez en referencia a otros mundos posibles).

A este respecto, no deja de resultar curiosa la teoría que, de Anaximandro, recoge Fraile, en cuanto a su sistema de separación de contrarios en porciones que darían lugar a otros tantos mundos esféricos y limitados.

Texto que invita a reflexionar sobre si sería posible que esos otros mundos no estuvieran separados en el espacio.

Todo lo expuesto hasta el momento hace de esta sentencia merecedora del mayor interés en la actualidad, ya que, lejos de poder considerarse un pensamiento agotado, abre todo un universo de posibilidades, visto desde la presente comprensión del espaciotiempo, inaugurada por Albert Einstein, con su Ley especial de la relatividad, o desde la posibilidad de una realidad de universos paralelos, presente en nuestro horizonte desde que la observación del comportamiento de las partículas subatómicas, llevó a Heisenberg a desarrollar su principio de incertidumbre.

Y ¿acaso no podría una mente de hace veintiséis siglos acceder a la intuición de un conocimiento presente, en un tiempo no lineal? Al fin y al cabo, dicha concepción temporal es más compatible con la temporalidad griega que el tiempo meramente diacrónico en el que escribimos nuestra historia?

En cualquier caso, no deja de sorprender la profundidad del pensamiento trascendente de estos filósofos en contraste con su mucho más rudimentaria y limitada concepción del cosmos y de la física; más acorde, por otro lado, a su propio tiempo histórico.

Parafraseando a Heidegger, dejaría varias preguntas presentes en su tratado, en relación a lo que pudiera seguir diciéndonos la sentencia desde su lejanía histórico-cronológica:

1¿De qué autoridad está revestido lo primigenio para dirigirse a nosotros que pasamos por ser los últimos epígonos de la filosofía? ¿Somos los epigonos de una historia que ahora se encamina hacia su final y que acaba con todo en un orden cada vez más estéril o informe?, ¿o se esconde en la distancia histórico-cronológica de la sentencia una proximidad histórica de su sentido no dicho, que habla desde lo que está por venir?, y, por último 2¿Qué ocurre si el ser usa en su esencia la esencia del hombre? ¿Qué ocurre si la esencia del hombre reside en pensar la verdad del ser?

Tal vez nos necesitamos mutuamente: Nosotros para humanizarnos en base a nuestra búsqueda constante del Ser, y el Ser para crecer en las experiencias y pensamientos del ser humano.

  1. CFR Martín Heidegger, “La sentencia de Anaximandro. Caminos de bosque”, pag. 21.
  2. Ibid, pag. 32.

BIBLIOGRAFÍA:

Martín Heidegger, “La sentencia de Anaximandro. Caminos de bosque”.

Teresa Oñate, con Cristina García, “El nacimiento de la filosofía en Grecia. Viaje al inicio de occidente”. DIKINSON, Madrid 2004.

Guillermo Fraile, “Historia de la Filosofía”. B.A.C. decimotercera edición, Madrid 2018

Felipe Martínez Marzoa, “Historia de la Filosofía”. ISTMO, quinta edición, Madrid 2018.

Igor Novikov, “¿Podemos cambiar el pasado?” y Kip S. Thorne ,“Especulaciones sobre el futuro”; dentro del libro recopilatorio “El futuro del espaciotiempo” Crítica, segunda edición, Barcelona 2003.

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